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Metallica en mexico, la reseña

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El concierto de Metallica rompió todas las expectativas. Su primera visita a Guadalajara dejó un grato sabor de oídos, en un directo que ya es parte de la historia de la ciudad, escrito con gruesas letras.
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La banda hizo escala con su “Magnetic tour”. Foto: Chema Martínez

El sonido fue pólvora. Cuando Metallica tomó anoche el escenario del estadio 3 de Marzo cinco minutos después de las nueve de la noche, arrancó la pandemia. Un grito energético y casi salvaje se escuchó al unísono cortesía de más de 30 mil personas cuando se apagaron las luces y a través de dos pantallas gigantes se observó la famosa escena de la cinta “El bueno, el malo y el feo”, donde precisamente el personaje “feo” corretea por entre las tumbas de un cementerio.

De ahí en adelante, la tranquilidad quedó triturada por los próximos 120 minutos. Lo mejor del asunto fue que Metallica reunió a público de todas las edades —incluso había muchos niños menores de diez años acompañados por padre sobre la cancha —, donde credo, clase social, ropa o nacionalidad poco importaron.

La noche pintaba para ser histórica y lo fue en cada una de las 18 canciones que se escucharon. No era para menos: Lars Ulrich (batería), Kirk Hammett (guitarra), Robert Trujillo (bajo) y sobretodo James Hetfield (voz, guitarra), salieron para echarse a la bolsa la euforia de miles de gargantas que acompañaron con sus cuerdas vocales los himnos de hard rock y metal que la banda originaria de Los Ángeles ha compuesto con férrea garra desde los ochenta.
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Cuando los primeros acordes del tema “Creeping death” sonaron en todo su esplendor, el ímpetu general en todas las zonas del estadio 3 de Marzo fue creciendo conforme pasaron los minutos. Por increíble que parezca, todos los presentes tuvieron la mejor de las vistas, ya que toda la parte trasera del escenario era una gran pantalla por donde se proyectó cada movimiento, risa, gesto y rictus de emoción de cada integrante de Metallica.

Como era de esperarse, James justo después de terminar el track abridor, gritó a pulmón batiente “are you with us?” (¿están con nosotros?), frase que fue cumplida al pie de la letra por el público hasta el final. Durante la primera parte de la velada, los fanáticos de hueso colorado disfrutaron canciones no tan famosas como “The tour horsemen”, “Through the never” o “Fade to black”, mientras que las masas prendieron su flama justo con la energética “Master of puppets”, que también sirvió para inaugurar los juegos pirotécnicos que engalanaron muchos temas en la recta final. Ahí, sobre el escenario que mostró un segundo piso desde donde muchas veces cantó Hetfield, brotaron lenguas de fuego al más puro estilo de Kiss; incluso una serie de cohetes fueron lanzados en el clímax de, por ejemplo, “Nothing else matters”, corte que fue sin lugar a dudas el más coreado y que prácticamente hizo llorar de emoción a más de alguno. Con “Enter sandman” Metallica cerró su concierto. Enseguida, el clásico coro de “oe-oe-oe” fue creciendo hasta convertirse en un reclamo. Ni tardos ni perezosos, el vocalista y compañía regresaron uno por uno para entonar tres temas extras a manera de encore. “Seek & destroy” puso punto final a la noche.


Las luces del estadio se prendieron y miles de caras (algunas en trance, otras con el cansancio escurriéndose entre gruesas gotas de sudor) buscaron la salida, mientras los tímpanos seguían vibrando con la potencia de la música que minutos atrás inundaba cada metro cuadrado. Y sí, la historia en materia de conciertos en Guadalajara tiene una nueva sección donde el nombre de Metallica está escrito con gruesas letras.

Antes de hacer historia

Horas y días atrás a su gran noche, Metallica movilizó a Guadalajara. Fueron muchos los seguidores que desde el sábado pasado decidieron acampar afuera del recinto. Ayer por la tarde, hubo un momento en el que la avenida Patria registraba automóviles procedentes de diferentes estados, algunos venían del Distrito Federal, Guanajuato, Michoacán y Aguascalientes. “Sólo vine a ver a Metallica, al rato me voy”, rezaba la pintura de la parte trasera de un coche que incluía a cuatro jóvenes capitalinos que luchaban por un lugar en los estacionamientos públicos de la zona, mismos que se agotaron desde temprana la tarde. La reventa hizo de las suyas, hubo quien pagó casi cuatro mil pesos por un boleto que originalmente costaba 1,500.

Para sorpresa de muchos, llegar al foro no fue un drama. El acceso fue notoriamente fluido. Abundaron los elementos de seguridad. Salvo algunos desmayos, el saldo fue blanco. Sobre el camellón de la avenida Patria, destacó la presencia de la policía montada y hasta perros con bozal, “por si las moscas”.

Ante los estacionamientos públicos abarrotados, surgieron los “alternativos”. Los acomodadores que comúnmente son llamados “viene, viene” cobraron más de cien pesos por ofrecer lugar y cuidar el coche. No faltó el que ofreció servicio de lavado. Los cotos que se construyen en la zona cercana al estadio y algunos lotes cercanos, se convirtieron en estacionamientos que cobraron 60 pesos por asegurar un coche.

Como dato curioso, entre los espectadores de la zona general de cancha destacó el luchador “Vampiro Canadiense” a quien no dejaron de pedirle fotos y autógrafos hasta que las luces se apagaron y Metallica…escribió su historia tapatía.

Via Milenio

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